En
De la poesía (Cambalache/Libros de la Herida, 2012),
T. S. Norio ha compilado, organizado y prologado textos sugerentes, divertidos, reveladores, acerca de la poesía: sus orígenes, función, herramientas, diversidad, misterios...
El autor ha elaborado un rico, mágico y amplio mosaico de fragmentos de distintas fuentes hasta construir una cartografía en la que felizmente adentrarse y perderse.
De la poesía es un libro para pensar, para jugar, para aprender, para comprender. Un libro que contiene muchos libros. Un libro con muchas ventanas a las que asomarse y mirar. Un libro inagotable.
A continuación cuatro ejemplos extraidos de
De la poesía de T.S. Norio, y
aquí una entrevista con el autor.
A 28 de marzo de 1855
No
hay una brizna de hierba sin historia, no hay un corazón sin novela,
ni una vida que no oculte un secreto, aguijón o espina. En todas
partes hallamos el pesar, la esperanza, la comedia y la tragedia, y
aun bajo la petrificación de la edad, se pueden volver a encontrar
las agitaciones y las torturas de la juventud, como en
las
formas atormentadas de ciertos fósiles. Este pensamiento es el caduceo
mágico de los poetas y de los predicadores; hace caer las vendas
de los ojos de la carne, y, así, deja ver claro en la vida humana; abre
al oído un mundo de melodías desconocidas y hace comprensibles los
mil lenguajes de la naturaleza. El amor desventurado nos
hace políglotas, y el pesar nos vuelve adivinos y hechiceros.
Enrique Federico Amiel: Diario íntimo. Tebas, Madrid, 1976, p. 47.
***
Mayo, 1871
Digo
que es necesario ser un vidente, hacerse un vidente. El Poeta
se hace vidente mediante una larga, inmensa y razonable perturbación
de los sentidos. Todas las formas de amor, de dolor, de
locura; se busca a sí mismo, y extrae de sí mismo todo tipo
de veneno, reteniendo sólo la quintaesencia. Inefable tortura en
la que necesita de toda su fe, de toda su fuerza sobrehumana; cuando
a ojos de todo el mundo se convierte en el gran enfermo,
el gran criminal, el gran maldito –y el supremo sabio– porque
alcanza lo desconocido.
¡Porque ha cultivado su alma, que
ya es rica, más que ninguna otra persona! ¡Alcanza lo desconocido, y
cuando, distraído, perdiera la comprensión de sus visiones,
las ha visto! Dejadlo morir en sus cabriolas entre innumerables cosas
nunca vistas: vendrán otros horribles trabajadores; empezarán
en aquellos horizontes en donde el otro sucumbiera.
Arthur Rimbaud: «Carta a P. Demeny, mayo, 1871», en Peter Haining (editor): El
Club del Haschisch.
Taurus, Madrid, 1976, pp. 110-111.
***
Vladimir Mayakovsky
El
14 de abril de 1930, Vladimir Mayakovsky, reconocido entonces como
el poeta más grande de la Rusia moderna, cometió suicidio.
No fue el único poeta ruso moderno que se quitó la
vida: Yesenin y Bagritsky hicieron lo mismo, y no eran poetas insignificantes.
Pero Mayakovsky fue en todo sentido excepcional; fue
la inspiración del movimiento revolucionario en la
literatura rusa, un hombre de gran inteligencia y de estilo inimitable.
Las circunstancias que determinaron su muerte son oscuras,
pero él ha dejado un trozo de papel donde escribió este poema:
Como
suele decirse
«el
incidente está zanjado».
La
barca del amor
se
destrozó contra las costumbres.
Pagué
mis cuentas con la vida.
No
hace falta enumerar
las
ofensas mutuas, los daños y las penas.
Adiós
y buena suerte.
No
hace falta enumerar. No hace falta detallar las circunstancias que
llevaron a la muerte del poeta. Hubo evidentemente un asunto
de amor, pero, para sorpresa nuestra, hubo también las costumbres,
las convenciones sociales contra las cuales se
destrozó esa barca de amor. Mayakovsky fue en un sentido muy
especial
el poeta de la Revolución; él celebró su triunfo y sus progresivas
conquistas en versos que tenían toda la vitalidad y el
apremio de acontecimiento. Pero debía perecer de su propia mano,
como cualquier mísero introvertido subjetivista del capitalismo burgués.
La Revolución no había creado evidentemente una
atmósfera de confianza intelectual y de libertad moral.
Herbert Read: Arte,
poesía, anarquismo. Reconstruir, Buenos Aires, 1962,
pp. 17-18.
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391
El
editor de una publicación dadaísta, titulada, a lo que parece, 391,
nos envía un ejemplar, que le agradecemos profundamente. El
precio parece ser de 2,50 francos, pero esta cifra bien puede ser
uno de los poemas.
Nota publicada en el London
Mercury, recogida en el primer número de Revista de Occidente (1923).